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Aprender de los errores por Esther Redolossi

Aprender de los errores por Esther Redolossi
10 octubre
10:02 2017

Psicología | Esther Redolossi.-Antes de entrar en materia, me gusta recalcar que errores siempre vamos a cometer.

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Podemoshacer las cosas bien, y si nos empeñamos, bastante bien, pero eso no nos librará de que nos equivoquemos de vez en cuando. Esto se debe fundamentalmente a que somos seres humanos, afortunadamente no somos máquinas y, como tales, no vamos a hacerlo todo perfecto por más que lo deseemos.

Y si tenemos esto claro, ¿por qué nos cuesta tanto aprender de los fallos?, ¿por qué lo pasamos tan mal cuando cometemos un equívoco? Simple y llanamente por el miedo. Hemos asimilado que equivocarse está mal y que fallar es algo terrible. El miedo a errar nos paraliza provocando que no aprendamos de ellos.

Este miedo oculta una exigencia, la cual se transforma en los “debería”, patrones de pensamientos que definen nuestra forma de ver la realidad. Se engloban en tres áreas; nuestra competencia como personas, lo que los demás pensarán de nosotros y si actuamos como el mundo/destino espera que lo hagamos.

Los “debería” sobre uno mismo. “No debería haberme equivocado”. Cuando pensamos esto, provocamos que nuestra autoestima baje y nos sentimos culpables e inseguros creyendo que tenemos poca valía.

Los “debería” sobre las otras personas. “No deberían pensar así de mí”. Estas exigencias se centran en querer que los demás piensen justamente de uno mismo. Si nuestro error da lugar a que algunas personas tengan una visión errónea de nosotros, eso nos induce rabia e ira.

Los “debería” sobre el destino/la vida. “Con mi error voy a provocar que ya nada en la vida me salga bien”, “No termino de alcanzar lo que quiero en la vida”. Cuando enfocamos nuestro miedo en las decisiones vitales terminamos desarrollando baja tolerancia a la frustración. Nos sentimos desilusionados y fracasados cuando la realidad es distinta a como creemos que “debería” ser (“la vida no debería tratarme así”).

Cuando pensamos de esta forma, centramos nuestra atención en los aspectos que no nos gustan de nuestra equivocación y en el malestar que nos aviva, sin tener en cuenta las posibles soluciones. Al mismo tiempo, gastamos mucha energía en censurarnos. Para salir de aquí, os propongo unas pautas para aplicar una vez que sentimos que hemos desacertado.

El primer paso es tomar conciencia de lo ocurrido. Mirar de frente lo que ha pasado. Normalmente el miedo nos invita a todo lo contrario. Analizar, observar con claridad y extraer lo que creemos que ha sido un error.
Una vez valorado lo que nos perturba, es buen momento para preguntarse: ¿Quién dice que ha sido un fallo? ¿Lo pienso yo o está influenciado por las opiniones de los demás? ¿Por qué tiene que ser de otra forma? Si una vez respondidas las preguntas seguimos pensando que ha sido una equivocación, entonces toca pasar al punto tres.

Describir que podemos sacar de bueno de ese error y que ideas nos llevamos para aplicar la próxima vez que nos veamos en una situación parecida. En este apartado es una buena propuesta utilizar lápiz y papel ya que la escritura es terapéutica.

Para terminar este proceso, es importante que nos atrevamos a cambiar los “debería” por los “me gustaría”, es decir, en vez de reprocharnos “debería haber hecho otra cosa”, decir “me gustaría haber hecho otra cosa”. Sin criticarnos.
Cuánto más nos equivocamos más crecemos, así que en vez de sentirnos mal cuando cometamos una falta, podemos ver una ocasión para el crecimiento personal.

Gabriel García de Oro, el autor del libro “Matrícula de error”, lo explica así: “Sin error no se avanza. ¿Quién ha aprendido a ir en bicicleta sin caerse? Es imposible. Por eso las personas mayores que no saben ir en bicicleta es muy difícil que aprendan, porque tienen demasiado miedo a caerse. Y así no hay quien pedalee. Debemos volver a aprender como cuando éramos niños. Crecer es aprender, aprender es equivocarse”.
Recordemos, además, que es vital para nuestra salud mental ser flexibles y que somos nosotros quienes proponemos nuestras propias reglas. Perder el miedo a equivocarnos nos da poder y nos motiva a seguir, aunque las cosas no sean tan perfectas como nos gustaría.
Tengamos en cuenta esta máxima, en la imperfección está la belleza.

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