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Psicología | Esther Redolosi.- Hablar del inicio del curso nos lleva a pensar en el bullying, acoso físico o psicológico que, de forma continuada, recibe un niño o adolescente por parte de uno a varios de sus compañeros, casi siempre lejos de la mirada de personas adultas.

Este concepto fue creado por un psicólogo escandinavo Dan Olweus en 1993, quien llevaba desde la década de los 70 trabajando con jóvenes que habían sido víctimas de agresión física y emocional por parte de sus compañeros de escuela. También investigó sobre el suicidio en adolescentes motivados por la violencia recibida desde las aulas. 

A pesar de haber pasado más de 30 años, desafortunadamente no solo sigue vigente, sino que debido al avance de la tecnología y de los medios digitales, se ha sumado el ciberbullying, que se produce cuando un joven amenaza, hostiga, humilla o molesta a otro/a mediante internet, teléfonos móviles u otras tecnologías telemáticas. A veces suelen darse ambos pero no es una constante y existen claras diferencias entre ellos, por ejemplo, que en el ciberbullying  el maltrato no es presencial y que puede ser ejercido por cualquier menor fuera del contexto escolar.

Cuando hablamos de bullying es importante diferenciarlo de una discusión, pelea o desagravio. Esta última suele ser puntual, su objetivo no es dañar y cuando se soluciona deja un patrón de aprendizaje positivo. No obstante, como suelen confundirse es importante conocer cuáles son las señales de alerta, es decir, que síntomas pueden ser indicadores de que se está produciendo acoso escolar. El niño objeto de maltrato escolar presenta alguna de estas características: disminución del rendimiento escolar, faltas de asistencias, dificultad para concentrarse, síntomas depresivos y ansiosos, irritabilidad, falta de apetito o aumento del apetito con atracones, insomnio, cansancio constante que no responde a causa física, miedo a estar solo/a, algún episodio de trastorno de pánico, asilamiento y en los casos más avanzados intentos de suicidio.

Desde la psicología se aborda este tema a través de varias vías. Por un lado, como prevención en las escuelas realizando talleres de habilidades sociales y evaluando la calidad de la convivencia escolar. Afortunadamente en los centros educativos existe un protocolo de actuación y el profesorado tiene formación sobre esta materia. Por otro, tratamos este asunto a través de la terapia psicológica, interviniendo con la víctima, con el agresor o agresores, con la escuela y con la familia. 

En este caso me voy a centrar en la intervención psicológica con la víctima, dejando para futuros artículos el resto de intervenciones.

Los aspectos principales a tratar con el niño irán encaminados a trabajar en el desarrollo global de su personalidad. 

    1. Tomar conciencia de la situación. A menudo, cuando no somos conscientes de los problemas que atravesamos solemos enmascararlos desarrollando algún tipo de adicción u obsesión. En el caso del acoso escolar, el niño puede sentir la necesidad de comer convulsivamente o de desarrollar algún trastorno obsesivo. Por ello, es importantísimo que el propio niño entienda con claridad qué está pasando. Si el ambiente familiar se caracteriza por una comunicación sana es más fácil que los padres se percaten de la situación en sus inicios,  favoreciendo así la intervención.
    2. Fortalecer la autoestima. Un niño con baja autoestima es más propenso a ser víctima de acoso escolar. El amor propio es necesario para el crecimiento emocional. En terapia mostramos al niño cómo centrarse en sus cualidades positivas. Además les enseñamos técnicas para focalizar la atención en sus habilidades, destrezas y valores que lo harán sentirse a gusto consigo mismo. Se trabajan especialmente las habilidades sociales para que se desenvuelva con facilidad en su entorno social.
    3. Aprender a ser asertivo. La asertividad es la capacidad para poder expresar nuestras opiniones y deseos respetando nuestros derechos, pero también los derechos de quienes nos rodean. Ser asertivo es una habilidad muy necesaria para relacionarnos con los demás y para aprender a resolver conflictos. Con la asertividad conseguimos tener relaciones de más calidad y más sanas. Un niño asertivo tiene menos riesgo de ser víctima de acoso escolar, por esto es fundamental enseñarlo desde la infancia comenzando con ser asertivos nosotros mismos.
    4. Técnicas de autocontrol emocional. Respiración, visualización, regulación del pensamiento y moldeado son algunas de las técnicas que se trabajan con los niños para que desarrollen su autocontrol emocional. Esto les ayudará a gestionar de forma adecuada las emociones, impidiendo que éstas les controlen. Lo primordial del autocontrol emocional es experimentar y expresar de forma adecuada tanto las emociones negativas como las positivas, lo cual es la base de la inteligencia emocional.  

Para concluir veo necesario que reflexionemos sobre la forma en que transmitimos nuestros valores, el amor, el respeto, etc. El bullying es algo común en esta sociedad y no podemos ser indiferentes, es por eso que debemos estar atentos y poner atención cuando nos relacionamos con niños o adolescentes. 

Esther Redolosi

Psicóloga sanitaria AN05714

Telef.: +34 956311509  625136968
www.estheredolosi.com
Calle General Menacho, 4 Bajo
(Cádiz)