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Mi ciudad, mi Puerto de Santa María, la ciudad de los cien palacios, donde se respira una agradable brisa marinera y donde sus rincones son motivo de muchas visitas. Mi ciudad, esta misma, lleva unos meses donde ya no se respira lo mismo, está desencantada, sin ganas de nada e incluso un poco triste.Ya no se preocupan por adornar sus calles cuando llega alguna festividad, ni mucho menos parecen preocuparse por nosotros, los portuenses.

Todo esto empezó un día en el que unos señores decidieron juntarse con tal de desbancar a los ganadores. Juegan a ver cuánto les dura la ciudad en sus manos. Cuatro años, dos, uno… quizá menos. Lo que nos pareció como una broma en su día, poco a poco vimos que iba totalmente en serio. Lo último que me faltaba por ver era lo sucedido el pasado 5 de enero.

Como cada año, cientos de portuenses se disponían a salir de sus casas con la idea de encontrarse algo diferente a lo dado en años anteriores. Salieron aun sabiendo que las condiciones meteorológicas jugaban en su contra, pero les movían la ilusión de tan esperado día, no solo para los pequeños, sino para los mayores también. Esperaban no muchas carrozas pero sí dignas de un gran día como es la víspera de Reyes. Se toparon con lo contrario. Para empezar ahora los reyes no llegan en camellos o caballos, llegan en barco, un barco que por su decoración dudo que fuera digno de un rey. Tras esto, rondaron por el Puerto en un coche clásico y luego en caballo hasta que llegaron, por fin, a sus respectivas carrozas a eso de las 18:30. Hasta ahí todo parecía para muchos correcto, pero lo asombroso y lo realmente indignante llega cuando cientos de personas esperan con ansia a los RRMM en el maravilloso Castillo de San Marcos como ya en la ciudad es tradición. Los niños subidos en los hombros de sus padres esperaban expectantes la orden de acostarse temprano en boca de los Reyes Magos quienes realizaron un largo viaje hasta nuestra ciudad. El momento parecía cada vez más cerca y cuanto más pasaba el tiempo más amplias se hacían las sonrisas y mayores eran los nervios. Una pena que todo esto se viera truncado en el momento en que la concejal de Fiestas, Rocío Luque, diera finalizado este día y fuera ella la que le decía a los niños que había que estar acostado lo antes posible. Pero para colmo tras un discurso innecesario por su parte, no se lanzaron los fuegos artificiales como cada año, ni esos globos luminosos que prometieron en sustitución de los cohetes, nada de eso. Lo único que sustituyó al espectáculo pirotécnico fueron una serie de abucheos. No soy partidaria de ellos, pero ojalá que aquellas ilusiones truncadas y manifestadas de esa forma en esa noche caigan sobre la conciencia de la concejal.

Pido que, sobre todo en este día, se tengan en cuenta a los niños especialmente. Obviamente tengo primos pequeños y no hay cosa ni placer más bonito que verlos sonreír y nerviosos en la noche de Reyes. ¿Qué tendrá que ver esto con cualquier ideología política? No es cuestión de lo que se defienda, es cuestión de moral y tradición. Basta ya de seguir cargándose a mi ciudad de esta forma, cada día más pobre y debilitada por culpa de unas manos que no saben sostenerla como bien se merece. Mis Reyes Magos no dejan indiferente a nadie, y espero y deseo que al pasar por casa de estos señores les hayan dejado un poco del corazón, la humildad y la cabeza que a estas personas les falta a la hora de hacer las cosas.

Noelia Ganaza

(Vicesecretaria de educación de Nuevas Generaciones El Puerto)