descargaLa última del alcalde por excelencia que ha tenido la ciudad de Cádiz en los últimos años, el señor Kichi, ha sido el recorte en la subvención a las hermandades de la localidad.

Un tema que da para horas de tertulia en cualquier guichi y con opiniones muy variopintas, según si vienen de la rama cofrade o de la contraria y más atea.

Los amantes de la semana grande en la localidad, acogen con rechazo la postura del regidor gaditano. Los que nada tienen que ver con las cofradías, la iglesia o por consiguiente la religión, aplauden la decisión del dirigente podemista en el Ayuntamiento de Cádiz.

Pues bien, yo me pregunto y siempre respetando las opiniones de ambas posturas ¿también se ha recortado al carnaval o a este gremio no se premia con ninguna cuantía económica?

Para los que piensen que Cádiz solo vive del Carnaval, se equivocan. Mirando el aspecto económico redundante en el beneficio de la ciudad, hay que decir que vivir de esta fiesta al cien por cien solo se vive un mes. Es por ello que no hay que aferrarse a solo un atractivo que por antonomasia es la fiesta grande para el pueblo. Insisto en que si queremos riquezas para el pueblo no hay que desechar ninguna otra efeméride que deje beneficios en Cádiz, como es el caso de la Semana Santa.

Ahora seguro que aquellos cofrades de golpe en el pecho, estarán criticando estas líneas, ya que estoy tratando, la Semana de pasión, como un mero espectáculo. Pero es que para mí, es la mayor expresión de cultura cuando para Don Carnal.

A estas alturas de la película, solo pensar en cachondeo y perdonen por la expresión,  no es de recibo, entre otras cuestiones por la falta de trabajo existente en el territorio gaditano. Es por ello, que si damos a unos que aportan riquezas al pueblo, como es el Carnaval, hay que dar a otros como es el caso de la Semana Santa, las verbenas de asociaciones de vecinos o los eventos varios que organicen para crear ambiente y sacar a sus ciudadanos y foráneos a la calle.

Esa doble vara de medir del alcalde más polémico, allá donde los haya, deja en jaque a más de uno que no entiende esta postura.

Como nunca llueve a gusto de todos, reconsidere que sus medidas pueden afectar al sustento de muchas familias, ya que las hermandades invierten en muchas empresas o sociedades y dan de comer muchas bocas. Flores, cera, música, orfebrería, bordados, etc.. gastos que tendrán que amordarse a los nuevos presupuestos que nace de la cuota de sus hermanos y donaciones de los creyentes.

Es cierto que el que quiera túnicas se las pague, ¿pero cuántos hay que portan un disfraz estando en paro y viviendo de los padres con churumbeles a doquier y mujer que alimentar? Conozco por mi trabajo de buena tinta que hay muchas hermandades que no dejan a un hermano sin portar su túnica por estar parado y no tener para pagarla, pero un tipo de carnaval ¿quién pone el dinero para que otro se vista y se vaya de jolgorio?

Dicho esto y sin poner en entredicho en lo que gasta cada uno su dinero, sigo pensando que no somos todos. Una pena cuando vamos tan de progres por la vida.