pleno puerto real1Ya están las espadas en alto, las lanzas suenan entrechocando entre sí en un salón de madera oscura.

Después de la calma, vuelve la tormenta. Es tercer pleno del año y penúltimo de la legislatura.

Por encima de nuestras cabezas suenan silbidos de munición que  puede caernos a cualquiera.

Los caballeros luchan por superar la batalla y no sólo ganar el torneo, sino cortar la cabeza del contrario.

Ahora salen a relucir duelos anteriores cuya resolución quedó en el aire y que ahora, en los últimos años se han resuelto. Ahora los dos caballeros se disputan la victoria.

Unos calculan las bajas de los otros, se cuentan por decenas las contiendas inacabadas y las que comenzó un ejército y acabó otro.

Ahora, a tres meses del final de la guerra, hay unas cuantas medallas que repartir e innumerables voluntarios para colgárselas. Pero ninguno de estos capitanes de los diferentes ejércitos se acuerda de su pueblo, de los vasallos de las tierras que gobiernan y de las bajas que se han producido entre ellos en estos cuatro años.  En algunos casos, después de una guerra tan larga, la población ha quedado muy mermada e incluso se han visto acuciados por diferentes epidemias.

Sin embargo, los señores sólo miran hacia adelante y no se percatan de que son precisamente sus vasallos los que tienen que decidir quién va a liderarlos en la próxima guerra y que puede ser otro el que acabe y gane las batallas.

Que será quizás un capitán o capitana nueva, que nunca haya sido líder de ningún ejército la que conquiste la plaza y se haga con el mando en la próxima contienda.

 Marga Cossi