OPINIÓN | Miguel A. Ruiz.- Recientemente, la Unión Europea ha ofrecido un dato que debería sacar los colores a quien ha dirigido la Junta de Andalucía durante estos años al caer nuestra Comunidad Autónoma a los puestos bajos del continente, es decir, pasamos de ser una de las regiones en transición a ser un territorio en desarrollo.

Esto se debe a la bajada del PIB per cápita de Andalucía con respecto al setenta y cinco por ciento de la media europea.

En resumen, volvemos a estar en el vagón de cola de Europa, entre las regiones más pobres después de tantos años de ayudas europeas para que salgamos de esa estadística.

Si alguien oye a cargos políticos de gestión en la Junta de Andalucía a lo largo de estos años se da cuenta del continuo maquillaje de marketing al que han sometido a la población constantemente. ¿Dónde está esa Andalucía pionera de la que tanto se habla?, ¿en qué situación quedó aquella segunda modernización que se vendió en sus tiempos cuando todavía no se había acabado la primera? Es una Andalucía irreal y lastrada por la falta de gestión, el clientelismo político y la corrupción derivada de casos como los que presuntamente se han cometido con los ERE y otros más.

Se han cifrado las ayudas europeas en 102.000 millones de euros desde el año 1986. Es cierto que se ha avanzado mucho pero a la vista de los resultados obtenidos, la evaluación de las políticas públicas llevadas a cabo con ese dinero de patente que se ha malgastado.

Es cierto que no estamos solos en esta situación. También lo están otras Comunidades Autónomas como Extremadura o Castilla-La Mancha (curioso). Pero ya saben eso que se suele decir de lo de mal de muchos…

Leía el otro día un artículo relacionado con esto que les digo donde se daba la opinión de un catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla. En él daba la explicación de por qué estábamos en esta situación. La basaba en primer lugar en una educación “para todos” y no basada en la excelencia, la falta de inversión pero también por un mal gobierno. Señalaba que, según el índice de calidad de los gobiernos que publica la Unión Europea, Andalucía está en el puesto más bajo de España, con ausencia de evaluaciones de las políticas.

Por tanto, no es culpa de la falta de financiación sino de la ineptitud en la gestión. Por mucho dinero que se tenga si no se sabe emplear bien el mismo se estará en la misma situación.

Así, es necesario un giro, un cambio. Quienes están gobernando han tenido un amplio respaldo pero se ha visto, a la luz de los datos, que no han sabido responder adecuadamente a la confianza depositada. No se trata ya de una política de las limosnas, las ayudas o subsidios sino que se debe tender a una gestión política y económica que haga un fuerte impulso de la producción, el talento, la tecnología y el emprendimiento de los ciudadanos andaluces.

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