El título de este artículo es un refrán bien conocido. Muchas son las veces que hacemos alusión a la preferencia de estar solo antes que con una compañía que nos haga sufrir. Sin embargo, existen montones de relaciones de pareja que se mantiene junta llevándose bastante mal o relaciones de amistad o de trabajo que nos perjudican, pero no sabemos salir de ellas.


El motivo por el cual permanecemos en relaciones tóxicas no es otro que aquel que tiene que ver con nuestro miedo al abandono. Las ideas que tenemos sobre el mundo, el amor y la amistad nos dificulta ver con claridad si son buenas o malas compañías.

Hay una serie de señales que nuestro cuerpo mostrará si nos encontramos “mal acompañados”. Si bien la intensidad y diversidad de éstos pueden variar de unos casos a otros, los síntomas más frecuentes son:

  • Sensación de miedo ante la decisión de romper esa relación.
  • Trastorno del sueño.
  • Dificultades de concentración.
  • Trastornos psicosomáticos (dolores de cabeza, pérdida del apetito, etc.)
  • Pensamientos obsesivos en relación con esa persona (pareja, amigo).
  • Sentimientos frecuentes de culpa hacia nosotros y de pena por esa persona.
  • Tristeza y sentimiento de baja autoestima.

Ante este cuadro priorizamos que es preferible estar solo, pero la soledad también tiene sus pros y sus contras. Somos seres sociales por naturaleza y nos beneficia a muchos niveles relacionarnos con los demás. Hay quién dice que dejar de fumar es igual de importante que mantener relaciones sanas. Al relacionarnos con otras personas nuestro cuerpo libera unas sustancias químicas que se acercan a lo que consideramos la felicidad.

No obstante, es muy positivo saber estar en soledad. Ésta es necesaria para establecer un nuevo orden en nuestra vida, nos ayuda a elaborar los duelos y nos invita a mirar en nuestro interior para conocernos mejor y comprendernos cada vez más.

Es bien sabido que las personas que manejan bien la soledad tenderán a tener en un futuro relaciones más sanas.

Recuerdo hace unos años a una chica muy guapa que acudió a consulta porque se encontraba en una relación que no le hacía ningún bien. Comentaba que todas sus relaciones de pareja habían sido tormentosas y no comprendía por qué tenía tan mala suerte en el amor.

Ella sentía que su vida había empeorado bastante desde que inició esta última relación, con un chico un poco mayor que ella. En otros aspectos de su vida se desenvolvía bastante bien, por eso ella misma no entendía por qué no podía terminar la relación con facilidad. Esta problemática es muy habitual en las consultas de psicología.

La intervención se caracterizó por encontrar qué aspectos de su personalidad le hacía permanecer en esa relación tóxica. Fuimos detectando muchos miedos (al abandono, a la soledad, a no ser congruente con lo que se esperaba de ella, etc.). Con un minucioso trabajo fuimos cambiando estas creencias por otras más constructivas. Meses después aprendió a estar en soledad y a disfrutar de ella misma.

Actualmente goza de una relación de pareja sana. Además, todo lo aprendido en la terapia lo aplica cuando pasa por otros duelos en su vida.

Las personas necesitamos de unas de otras, pero también requerimos momentos de soledad, de contacto con uno mismo para asimilar lo que vivimos a través de los demás. Son como momentos de sueño y vigilia, son complementarios, para poder estar bien acompañados necesitamos estar solos.

En definitiva, bienvenida soledad que me ayudas a tener relaciones de calidad.

 

Esther Redolosi Sánchez

Psicóloga sanitaria

(Experta en Psicopatología y Salud)

625 136 968

estheredolosi@hotmail.ccom

www.estheredolosi.com

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