Opinión | Miguel A. Ruiz.- Esta pregunta  se la harán muchos ciudadanos en la actualidad a la vista de las noticias que están surgiendo a diario de Cataluña. Nuevamente, estamos ante una afrenta  de continuación de lo iniciado por Puigdemont.

El problema de todo esto es la imagen de nuestro país ante el exterior. No podemos consentir más que en Europa se nos vea como un país inestable y desorientado, dado que ello tiene importantes implicaciones en los negocios y en las inversiones en nuestro país en general y, en Cataluña, en particular.

Los presupuestos son una muestra más de esta situación y de lo desbordada que está. España no puede ceder a las presiones independentistas para aprobar unos presupuestos. No pueden ser unas cuentas negociadas o pactadas con presuntos delincuentes en la cárcel, tal y como hemos visto que ha sucedido.

Por eso, entiendo que es necesario abrir un nuevo capítulo desde una perspectiva constitucional. El triunfo en la ocasión anterior era porque existía un plan establecido para acabar con los intereses de los independentistas. A cada paso, había una repuesta inmediata del estado de derecho. Y, todo ello, a pesar de que Rajoy se lo pensó bastante e hizo una gestión demasiado tranquila del asunto.

Ahora, nuevamente, es necesario aplicar el artículo 155 de nuestra Constitución con respecto a Cataluña. No se pueden consentir las declaraciones de Torra señalando que “el Consell per la República debe  ser la palanca para la independencia”.

El problema en esta ocasión es que no veo a Pedro Sánchez con la agilidad suficiente para taponar la herida que se ha abierto. El asunto, si me permiten continuar con el símil médico, puede acabar en hemorragia y, el paciente, lo podemos perder por la lentitud y la falta de actitud de quien debe salvarlo.

Ya lo dije en su momento, el sillón de presidente del Gobierno de España no merece que sea mercadeado con quien quiere romper nuestro país. Entre otras cuestiones, porque la coyuntura social y económica no lo permite en estos momentos. Por eso, debe actuarse con firmeza desde los poderes del estado y con total protección de nuestra primera institución, la Corona.

Efectivamente, el ataque al que estamos siendo testigos, en cuanto a Felipe VI, no es casual. No se produce ahora por una moda, sino que se trata de un plan establecido por los que se quieren separar de nuestro país y por quienes quieren desvirtuar constantemente las instituciones.

Nuestra Constitución necesita de una reforma sosegada, quizás importante en algunos aspectos, pero, sin duda, debe guardar el respeto de la institución que ha dado cohesión, unidad y sentido de estado desde el año 1978, la Corona. Si rompemos con cuestiones que son la esencia de la unidad será el primer paso hacia la ruptura total de nuestro país.

Por ello, apelo al trabajo conjunto de los constitucionalistas, quizás de ideas diversas, pero con un interés que debe ser común, la unidad de España.

 

Miguel A. Ruiz

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