Hoy me siento en la necesidad de devolverte la carta que le escribiste a Paco Sosa hace más de un año ya. He realizado algunas modificaciones para que comprendas aquella frase popular: “Por la boca, muere el pez”

                   Querida Irene:

Yo también comencé a trabajar con UPyD como un simple simpatizante, como independiente o como colaborador querida Irene Lozano, como tú la primera vez que fuiste la candidata al congreso de los diputados, yo comenzaba a ilusionarme con la idea de cambiar España, cambiar mi tierra y sobre todo cambiar El Puerto de Santa María. Transcurrido algún tiempo, te afiliaste, por estrechar tu compromiso con el partido, supongo, y por contribuir a financiarlo. A mí me ocurrió lo mismo: me convencí aún más de que el proyecto de UPyD es imprescindible para que nuestro país no vuelva al blanco y negro de los años 40, esa lejana España de posguerra de la que nuestros abuelos y mayores nos han hablado.

Cualquiera de los que estamos trabajando para que nuestro partido esté en las instituciones, siempre que no hayamos perdido el sentido de la realidad, hemos visto la verdad palmaria: el escaño que ocupa una persona lo han conquistado muchas. Yo mismo como muchos, llegamos a pensar en ti para encabezar esta segunda etapa de UPyD, aunque yo finalmente voté a Andres Herzog para ser el portavoz y nuestro candidato a la presidencia del gobierno, siempre pensé que era necesario fundir esfuerzos con la candidatura que defendiste en el congreso extraordinario para conseguir que UPyD resurja frente a las componendas del bipartidismo, ese al que ahora te apuntas, agotado en España y en Europa… Para mi sorpresa y la de casi todos mis compañeros y compañeras de partido, no solo no te quedas en UPyD, no solo coqueteas con Albert Rivera y Ciudadanos, sino que te unes a uno de los partidos a los que bajo las siglas de UPyD juraste combatir.

En fin, yo soy lo de menos: en cada lugar de mi provincia que visité durante las campañas de estos últimos 2 años –Cádiz, Jerez, Rota, San Fernando y muchos otros municipios además de mi ciudad, encontré a una militancia ilusionada, dispuesta a arrebatar horas a su familia y amigos para preparar un mitin, un acto, un reparto, una pegada de Carteles… Gente que nunca va a cobrar un céntimo y que quiere lo mejor para el país… Gente sin cuyo trabajo, ni tú ni otros traidores habríais pisado el Parlamento.  

Sin duda, una parte de culpa de ese mal desempeño la tengo yo, que contribuí en todo lo que pude a que tanto tú como otros fueseis diputados. Me sorprende, sin embargo, que en tu diagnóstico sobre el resultado de UPyD en los últimos años no hayas considerado -así sea momentáneamente- el factor de que teníamos alguna que otra persona deshonesta en la dirección del partido como una parte del problema. Cuando escribas tu columna en el confidencial, no descartes la posibilidad de haberte equivocado.

Hay gente de UPyD que puede coincidir contigo en la necesidad de pactos con otros partidos, aunque esta cuestión ya se dirimió en nuestro último congreso extraordinario dónde la mayoría elegimos seguir siendo libres. En cambio, va a resultar difícil que alguien te iguale en mezquindad. Porque quienes no compartían el criterio de la dirección, lo pudieron decir hace antes de las elecciones Andaluzas y municipales en el segundo congreso, Aquél que presidió tu “Querido Paco” y en el que se votaron resoluciones como el punto 1.4.1 de la Ponencia Política: «UPyD será lo mismo en Cataluña que en el resto de España». Eso lo han aprobado los delegados. No te vi presentar enmienda alguna, ni voto particular de ninguna clase. De hecho, ningún delegado lo planteó, lo que da idea de la escasa preocupación entre los afiliados.

En fin, tampoco te mojaste en el congreso extraordinario, también lo podrías haber explicado en Renovadores, la candidatura de la cual formabas parte, y tratar de convencer a los demás: las ideas son la materia prima de que está hecha la política, pero necesitan gente que acuda a los foros de debate a defenderlas. Francamente, me resulta asombroso haberte oído hace unos meses defender que UPyD que debía seguir siendo libre y le reprochabas a tu “Querido Paco” su intentona de acercamiento a C’s ¿Cuándo encarnabas un espíritu libre y valiente? ¿Antes de las elecciones, o ahora que tienes tu sueldo bien atado? Lo peor es que aquella vieja carta, aunque desafortunada, me dejó bastante claro que el camino a seguir era el de ser libres. Nosotros en el Puerto hemos trabajado para que así sea, pues vimos perplejos, la transformación del acabado Independientes Portuenses en C’s.

Querida Irene, tú te has presentado bajo las siglas que abanderaban el fin del bipartidismo y la lucha contra la corrupción. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿Justificar los Ere en Andalucía? ¡Dios mío! Quienes nunca hubiéramos concurrido a las primarias del Partido Comunista de China no entendemos cómo pudo tu espíritu libre ha podido tolerar tantos años de mordaza y flagelo. Espero que pronto puedas explicar la falta de principios y ética política la labor que has desempeñado en el congreso estos años, porque al PSOE le has dado muchos dolores de cabeza muchas veces. Mira que seguir los pasos de Zaida Cantero justo cuando parece que no renovarás tu escaño con UPyD… Qué gran casualidad…

En todo caso, y aquí nuestras vidas paralelas se alejan, yo estoy comprometido con el programa y los votantes de UPyD. De hecho, si algo vale la pena, entre los muchos sinsabores de la política, es saber que uno está haciendo algo mucho más grande que uno mismo. Se camina más despacio, pero se llega más lejos acompañado. También se ríe uno más. Algo ha escrito Zygmunt Bauman al respecto: la cuestión hoy día no es hallar las ideas más brillantes, sobran ideas respecto a cómo conseguir una sociedad más libre y justa; la cuestión es conseguir la fuerza para llevar esas ideas a la práctica. Al final, suele suceder que mientras uno debate cómo mejor actuar para lograr esa sociedad, va mostrando su propia naturaleza, a veces con un simple acto o una sola frase. Me alegro de conocerte un poco mejor. Perdona que no me levante. Perdona que hoy no sonría.

 

Miguel Mena Muñoz

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