La palabra ansiedad se ha popularizado de tal manera que sirve para etiquetar cualquier estado de inquietud o nerviosismo. Sin embargo, y aunque la preocupación e inquietud suele ser una característica común de los trastornos de ansiedad, no todas las personas nerviosas tienen que padecerlos.

Los trastornos de ansiedad son muy frecuentes en la actualidad, siguen siendo junto a la depresión los que más se atienden en atención primaria.

La característica principal de los trastornos de ansiedad es un malestar y preocupación general que interfiere de forma significativa en la vida del sujeto. Sin embargo, esta inquietud se manifiesta de diversas maneras, desde un trastorno de ansiedad generalizada hasta una fobia en particular. De todo esto, se desprende la necesidad de una buena evaluación y diagnóstico para el éxito de la intervención.

Haya o no trastorno, lo que sí es cierto, es que la ansiedad en general es una respuesta involuntaria ante las amenazas de acontecimientos externos o internos (pensamientos, sentimientos) que son percibidos por el sujeto como peligrosos. Nuestro cuerpo reacciona como si existiera un peligro real, por ello la sintomatología es la misma que sucede en una situación de peligro (dilatación pupilas, necesidad de salir corriendo, taquicardias, etc…) Como la respuesta de ansiedad no es un episodio único sino que se mantiene durante días o meses provoca otros síntomas que agravan la situación, tales como tensión muscular, problemas de sueño, falta de concentración, sobrecarga mental y tendencia al cansancio y la irritabilidad.

Los 10 efectos más importantes de la ansiedad de nuestro cuerpo son los mismos que se producen en un estado de alerta:

1. Aumento de la sudoración: El cuerpo refrigera el músculo y aporta a las manos lubricación y protección para poder escapar del peligro. Por eso se producen escalofríos al dilatarse los poros.

2. Dilatación pupilar excesiva comas pupilas. Esto lo desarrolla el organismo para poder captar más luz y salir del peligro.

3. Reducción de la producción de saliva. Con la consecuente sequedad en la boca. La salivación se detiene porque se guarda el líquido para sudar. De este modo se refrigera el músculo y facilitará que haga su función de supervivencia. Si las glándulas salivares dejan de funcionar notaremos sequedad en la boca, característica de la ansiedad.

4. El corazón late con más fuerza: Provocando taquicardias.

5. Aumenta la concentración de azúcar en la sangre: Como consecuencia de que el hígado libera más glucosa para alimentar a los músculos.

6. Hiperventilación: Excesivo oxígeno en nuestro cuerpo como consecuencia de una mala respiración. El exceso de oxígeno provoca mareos y sensación de inestabilidad muy frecuentes en los episodios de ansiedad.

7. Necesidad de vaciar la vejiga: Para eliminar peso innecesario ante la sensación de huida. Es habitual, por ejemplo, que ante un examen haya mucha necesidad de acudir al cuarto de baño.

8. Contracción de las venas y arterias: Algunos de los dolores de cabeza que se producen por ansiedad tienen su explicación en la vasoconstricción que puede llegar a producirse en la cabeza. No es grave pero excesivamente molesto. También están relacionados los tipos de hipertensión.

9. Retortijones de los intestinos: Provocado por la necesidad de paralizar la digestión y eliminar los alimentos del cuerpo.

10. Aumento de la secreción de las glándulas suprarrenales: Estas glándulas actúan sobre el sistema nervioso aumentando el estado de nerviosismo. Pudiendo provocar otros efectos más nocivos para el cuerpo.

La ansiedad repercute muy significativamente en nuestro cuerpo, produciendo unos efectos que a largo plazo pueden ser muy nocivos.

Es fundamental trabajar por reducir nuestra ansiedad. Esto se traduce, en líneas generales, en aprender técnicas de relajación eficaces, saber cómo gestionar nuestras preocupaciones y aprender a solucionar los problemas.

Esther Redolosi

Psicóloga sanitaria AN05714

Teléfono: +34 956311509  625136968
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(Cádiz)

 

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