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Psicología: “El Duelo” por Esther Redolosi

Psicología: “El Duelo” por Esther Redolosi
24 octubre
09:30 2017

Psicología | Esther Redolosi.- El duelo es un acontecimiento estresante, que todos nosotros habremos de conocer en algún momento de nuestra vida. Esta reacción natural se produce ante la pérdida de una persona, pero también, si perdemos un objeto o una circunstancia significativa (desempleo).

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Voy a centrarme en el duelo por el fallecimiento de una persona, que para que se produzca debe de haber relación de importancia e interés por la persona que ya no está.

El duelo es un proceso normal, sin embargo puede complicarse si no dejamos que las emociones salgan libremente. Nuestra sociedad vive de espalda a la muerte, no queremos hablar de ella. Esto provoca que no expresemos con claridad nuestros sentimientos y que, como consecuencia, nos bloqueemos y no hagamos bien el trabajo emocional. El proceso del duelo es siempre necesario y su contención puede conducir a serias dificultades.

En la consulta he visto varias personas con la sintomatología del duelo no elaborado, son personas que viven bien, no tienen problemas en ningún campo de su vida, se desenvuelven sin dificultades; sin embargo, hablar del fallecido o hacer cualquier cosa que lo evoque les provoca mucho malestar.

En concreto recuerdo una chica. Cuando yo la conocí hacía tres años que había fallecido su madre. Ella venía a nuestro centro por otro motivo poco relevante. Indagando en su historia apareció el duelo no resuelto, era nombrar a su madre y montones de lágrimas le caían por el rostro aunque ella enseguida hacía lo posible por contenerse. Le propuse que además de tratar el objetivo por el que acudió a consulta evaluáramos su duelo. A ella le pareció buena idea y empezamos a trabajar.

En las primeras sesiones apareció su resistencia a expresar las emociones. En los días previos a la muerte de la madre no había llorado, y en las siguientes semanas e incluso meses lloró pero muy poco para no hacer daño a sus hermanos o a su abuela que aún vivía. Durante el resto de las sesiones, mientras expresaba y lloraba íbamos detectando las ideas erróneas que tenía sobre lo ocurrido. Con un minucioso trabajo fue cambiando sus pensamientos por unos más acordes a la realidad y pudo por fin terminar el proceso del duelo. Toda pérdida tiene que ser reconocida, aceptada poco a poco y seguida de modificaciones internas que nos permitan nuevas perspectivas. Actualmente habla de su madre sin dolor, echándola de menos pero sin sufrimiento.

El duelo es necesario para poder continuar viviendo. El tiempo que dura es difícil de determinar porque depende de muchos factores. Aun así, podemos considerar el primer año como el más duro, luego se produce un descenso progresivo en el malestar emocional.

Para quienes estén atravesando el camino del duelo hay una serie de pautas para reencontrar el equilibrio, descritos por la SECPAL, Sociedad Española de Cuidados Paliativos.

  • Evitar las frases hechas: “trata de olvidar”, “Dios lo ha querido así”, “solo los buenos mueren jóvenes”, “ahora es más feliz en el cielo”, etc. No ayudan para nada y pueden herir o desconcertar, porque no se puede olvidar de golpe una vida tejida de afectos.No se puede minimizar el sufrimiento por una pérdida.
  • Esta aceptación necesita tiempo, ya que ha de ser asumida no sólo de forma intelectual, sino también emocional.
  • Buscar el apoyo de familiares y amigos.
  • Dar lugar a los desahogos. Es preciso permitir al doliente la expresión de su dolor. Es imposible que se resuelva un duelo sin expresar lo que sentimientos.
  • Hay que llorar si se siente necesidad de hacerlo. Parece que las lágrimas contienen una endorfina (leucina-enquefalina), lo que puede explicar el alivio que se siente al llorar.
  • Otro aspecto importante es respetar la diversidad de las reacciones, pueden ser muy variadas, dependiendo de la personalidad y del ambiente cultural.
  • Con frecuencia se abusa de psicofármacos para controlar la ansiedad del doliente, pero no hace que desaparezca sino que lo pospone. El uso de estos medicamentos debería de estar reservado para casos muy puntuales y por períodos breves.
  • Si el doliente ya estaba en tratamiento farmacológico, es importante vigilar que no lo deje los días posteriores al fallecimiento de su ser querido.
  • Leer libros, poemas o frases relacionadas con el duelo puede ser una forma de reconocer los propios sentimientos o de reflexionar sobre el significado de lo sucedido.
  • Recordar a la persona amada es un consuelo para los sobrevivientes: da significado a su relación, a su dolor. Revocar el nombre es terapéutico. En la desesperación del duelo, “nombrar al amado” calma.

El duelo es, básicamente, un proceso de cambio y, con la muerte, termina una vida, pero no una relación. Esta se modifica de una relación de presencia a una de ausencia, pero la desaparición de alguien a quien amamos no nos obliga a olvidarlo.

Esther Redolosi Sánchez

Psicóloga sanitaria

(Experta en Psicopatología y Salud)

625 136 968

estheredolosi@hotmail.ccom

www.estheredolosi.com

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