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Para colorear nuestra existencia necesitamos proyectarnos en alcanzar nuestros sueños. Éstos se logran no sólo con talento e inteligencia sino con esfuerzo, trabajo y dedicación.  

La constancia, la competitividad, el deseo de lograr cosas dan un toque motivador a la vida, pero  el problema aparece cuando perdemos el ritmo, cuando no tenemos un contacto claro con nuestra realidad desatendiendo nuestras limitaciones físicas y emocionales. 

Este desconocimiento hace que nos involucremos en demandas externas que son mayores que los recursos que percibimos en nosotros mismos dando lugar a la respuesta de estrés. Esta respuesta del organismo se produce de forma automática y hace que nuestro cuerpo se movilice rápidamente con un importante aumento de los niveles de activación fisiológica y psicológica. 

Si esta reacción del cuerpo se produce de forma puntual no hay problema, incluso es útil porque incita al cuerpo a resolver una situación que observa como amenazante. El estrés se vuelve dañino si estas respuestas  se repiten de forma excesiva y persistente dando lugar a la posibilidad de que el organismo agote sus recursos e incluso que enferme desarrollando desde un simple dolor de cabeza a una enfermedad mayor.

El estrés crónico, tan frecuente en la sociedad actual, se sostiene sobre la sensación de que el tiempo escasea y se vuelve ruidoso. Vamos siempre corriendo tras un objetivo, que terminamos, dando el paso para el siguiente. Con tanto trajín, hemos perdido la propiedad de las cosas queridísimas y la sensación de fluidez con la vida.

Afortunadamente podemos contribuir a este fluir y hacer que el tiempo deje de ser un factor limitante poniéndonos a buenas con él. Si el tiempo no nos pesa es buena señal. Os comparto algunas recomendaciones generales para prevenir los síntomas del estrés.

  • Conocer nuestros recursos. Una misma situación no afecta igual a todo el mundo y dependerá de los recursos físicos y emocionales de cada persona. Conocernos evitará que nos expongamos a situaciones inútiles o de alto riesgo.
  • Controlar los niveles de activación fisiológica. Aprender a mantener un nivel adecuado de activación, para lo cual es necesario aprender a utilizar técnicas de relajación, de control de la respiración o yoga, entre otras.
  • Aprender a administrar el tiempo. Esto se consigue priorizando las actividades más importantes sin descuidar las de ocio y tiempo libre. Delegar y no dejar que las tareas se acumulen nos ayuda también a ganar tiempo.
  • Olvidar el perfeccionismo. El afán de perfección puede llevarnos al bloqueo. Tenemos que hacer las cosas bien, no perfectas.
  • Autocontrol emocional. Aprender a controlar los pensamientos negativos que no nos orientan a la acción. Hay técnicas muy eficaces como la reestructuración cognitiva o la parada de pensamiento.
  • Facilitar el aumento de los recursos físicos de nuestro cuerpo. Esto se consigue a través de un buen descanso, una adecuada alimentación y realizando algún tipo de ejercicio aeróbico con regularidad.
  • Mantener unas relaciones sociales sanas. Somos seres sociales por naturaleza y las redes de apoyo social previenen el estrés. Aprender a interactuar de forma más asertiva evitará el aislamiento y aumentará la frecuencia de los buenos contactos sociales que tanto nos benefician.

Es fundamental  recalcar la idea de que llevar una vida muy enriquecedora con múltiples actividades no es predictora de desarrollar estrés. Ni, por el contrario, una vida poco azarosa nos prevenga de él. Conozco a muchas personas que llevan un buen ritmo de trabajo y actividades, pero saben utilizar, proteger y potenciar sus recursos internos. El estrés responde al resultado de la relación entre las demandas externas y nuestros recursos.

Para finalizar, os recomiendo un libro “¿Por qué las cebras no tienen úlcera?”, donde su  autor describe científicamente el estrés pero lo hace con un tono ameno que nos permite tener una lectura entretenida sobre esta problemática. 

 

Esther Redolosi

Psicóloga sanitaria AN05714

Telef.: +34 956311509  625136968