Vivimos en una sociedad consumista, esto determina que muchos de los problemas emocionales terminen escondiéndose dentro de la adicción a las compras. Esta forma de comportarse provoca mucho malestar a quién lo padece y ha empezado a ser más frecuente en los últimos años, siendo mucho mayor la prevalencia en las mujeres.


Entre sus síntomas más comunes encontramos inseguridad, falta de autoestima, ansiedad, insatisfacción, falta de autocontrol y sentido de culpa tras realizar alguna compra. Otros sentimientos y actitudes son llegar tarde a una cita por estar atrapado en las tiendas o, simplemente, comprar algo con el único fin de sentirse más alegre. Otro hábito que puede determinar que tenemos un problema con las compras es el sentimiento de frustración si la compra es impedida por algún motivo.

Pese al considerable número de personas afectadas, este síndrome no se encuentra definido como tal en los manuales de trastornos psicológicos, sino que se queda catalogado dentro de los “trastorno del control de los impulsos no identificados”. En psiquiatría se le conoce como “oniomanía”, este vocablo fue acuñado en 1924 por los psiquiatras Kraepelin y Bleuler para denominar lo que ellos llamaron “desorden de los compradores compulsivos”.

Dado que las conductas de comprar son conductas normales que realizamos todas las personas cada día, es importante establecer unos criterios que nos hagan distinguir cuando la conducta de comprar es normal o es patológica.

Gracias al trabajo en este campo de unos psicólogos de la Universidad de Bergen, en Noruega, podemos medir de forma breve nuestra adicción a las compras y así acercarnos de forma orientativa a si padecemos o no este trastorno. Es conocida como la escala Bergen.

  1. Piensas en comprar o en ir de tiendas constantemente.
  2. Compras para mejorar tu estado de ánimo.
  3. Compras o vas de tiendas tan a menudo que afecta a tus obligaciones diarias.
  4. Sientes que tienes que comprar más y más para obtener la misma satisfacción que antes.
  5. Has decidido comprar menos pero no te sientes capaz de cumplirlo.
  6. Te sientes mal si por alguna razón no puedes ir de compras o adquirir nuevos artículos.
  7. Tus rutinas de compra han deteriorado tu bienestar.

Puntúa cada frase con estos estos siete criterios básicos:

(0) Totalmente en desacuerdo

(1) En desacuerdo

(2) Ni en desacuerdo ni de acuerdo

(3) De acuerdo

(4) Completamente de acuerdo.

Si nuestra puntuación es “completamente de acuerdo” o “de acuerdo”, en al menos cuatro de los siete puntos nos intuye que podemos padecer este síndrome.

Ante esta sociedad individualizada, la ropa u otros productos se han convertido en elementos de comunicación e integración personal. Nos sentimos más identificados, aceptados e importantes si poseemos ciertos objetos, además de sentir que aumenta nuestro estatus. Por ello, esta capacidad simbólica de los productos provoca que vaya en aumento la compra por impulso.

La adicción a las compras constituye un patrón de comportamiento igual a aquel que típicamente se desarrolla en torno a sustancias químicas adictivas por lo que sus tratamientos psicológicos tienen mucho en común, abarcando dos dimensiones. Por un lado, intervenimos en la conducta en sí misma, enseñándole estrategias para controlar la conducta de comprar. Y por otro, hacemos frente a los aspectos de la personalidad que le provocan ansiedad y le precipitan a la compra (falta de asertividad, conflictos interpersonales, vacío existencial, etc.).

Para finalizar, me gustaría puntualizar alguna pincelada sobre la prevención, resaltando la importancia de educar en la tolerancia a la frustración y en premiar los esfuerzos con reconocimiento social o reforzadores que no sean materiales.

 

Esther Redolosi Sánchez

Psicóloga sanitaria

(Experta en Psicopatología y Salud)

625 136 968

estheredolosi@hotmail.ccom

www.estheredolosi.com

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