En el desarrollo de la construcción de nuestra personalidad intervienen muchas variables; la predisposición genética, el temperamento, la familia, la educación, el proceso de socialización, el ambiente y  los acontecimientos vitales, entre otras. Todas son entidades importantes pero, según las investigaciones, hay dos que predominan sobre las demás y son la predisposición genética y las primeras relaciones que establecemos con nuestros cuidadores principales (madre, padre u otros).

Estas relaciones nos ayudan en la infancia a regular las emociones, ya que esta función no somos capaces de hacerla solos al nacer. De aquí surge la conocida Teoría del Apego que fue inicialmente propuesta por John Bowlby, un psiquiatra y psicoanalista británico. Esta teoría explica por qué los seres humanos tenemos la tendencia a desarrollar vínculos específicos con otras personas y cómo las relaciones de los niños con sus cuidadores y su familia influyen de manera significativa sobre su desarrollo psicológico y sobre su funcionamiento y comportamiento emocional adulto.

Según como sean estas primeras experiencias, el niño desarrollará un tipo u otro de apego. Se definen cuatro tipos: apego seguro,  apego evitativo, apego ansioso y el apego desorganizado.

Los adultos que han tenido un apego seguro tendrán, en la vida adulta, unas relaciones más confiadas y positivas, con un buen establecimiento del vínculo de pareja. Además tendrán unas ideas más realistas sobre el amor y elaborarán mejor las rupturas y los duelos. Los padres han sabido transmitir la seguridad emocional y han fomentado la autonomía.

El niño que establece un estilo de apego ansioso ha crecido en un ambiente con alto nivel de angustia. Este niño tendrá más posibilidades de desarrollar unos vínculos dependientes y una necesidad constante de ser amado con lo que conlleva (celos, inestabilidad emocional, ideas contradictorias sobre el amor).

Crecer con un apego evitativo provoca en el adulto una predisposición a la inseguridad y  miedo a la intimidad. Estos fueron niños que se desarrollan en un entorno donde hay dificultad para reconocer y gestionar las emociones.

Por último, el apego desorganizado, es una mezcla del evitativo y el ansioso. El ambiente en que se cría se caracteriza por ser muy contradictorio, se alternan la sobreprotector y la falta de atención emocional. Los adultos con este tipo de apego tienden a rechazar las relaciones íntimas aunque, en el fondo, son su mayor anhelo porque no se sienten queridos dando lugar a relaciones conflictivas constantes.

En terapia observamos que muchos de los trastornos emocionales tienen su base en nuestras experiencias infantiles. Afortunadamente el proceso terapéutico ayuda a crear vínculos más sanos descubriendo y entendiendo nuestro mundo de relaciones.

 

 

Esther Redolosi

Psicóloga sanitaria AN05714

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(Cádiz)

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