Psicología | Esther Redolosi.- Tener celos de otra persona es absolutamente normal. Construimos nuestra personalidad gracias a nuestra relación con los otros. Las otras personas nos permiten definirnos mediante el mecanismo de semejanzas y diferencias. Nuestra valía dependerá de estas comparaciones que hagamos y así se irá forjando nuestra autoestima.

Hablar de celos es un tema muy ambiguo. La intensidad de los celos depende muchísimo de varios factores: de la inteligencia de la persona, de su autoestima, del aprendizaje en su infancia, del umbral de tolerancia a la frustración y del nivel de conciencia sobre su realidad.

También hay que diferenciar entre diversos tipos de celos; los infantiles, más típicos entre hermanos (sobre los que escribiremos más adelante); y los celos adultos, que pueden ser hacia otras personas o los enfocados en nuestra pareja.

En esta ocasión vamos a centrarnos en los celos en la pareja que en psicología toma el nombre de celopatía cuando éstos llegan a ser excesivos provocando diversos problemas en la persona que los padece y en su entorno más cercano.

La celopatía se encuadra dentro de los trastornos delirantes ya que predominan las ideas distorsionadas sobre que nuestra pareja es infiel. Este trastorno necesita de intervención puesto que provoca mucho daño en quién lo padece y en su pareja.

Cuando intervenimos con un paciente o una pareja que llega a consulta presentando esta dificultad intentamos primero delimitar con exactitud el problema. Esto es primordial puesto que hay que determinar cómo es la relación entre los dos, cómo son sus conductas de autocuidado, cómo se responsabilizan cada uno con el otro y con ellos mismos y cómo se relacionan con los demás.

Este tipo de terapias suelen ser muy intensas y requieren de un trabajo arduo por parte de ambos miembros de la pareja. Generalmente, al cabo de unas semanas o de unos meses, si la pareja se implica se encuentran gratas soluciones.

Para poder saber si nos encontramos en una situación de celos y no sabemos si éstos son “normales” o “patológicos” hay ciertas señales que nos pueden ayudar a distinguir:

  • La persona celosa suele ser agresivo.
  • Invade nuestro espacio personal.
  • Tiene pensamientos recurrentes sobre la infidelidad y la traición.
  • Todas sus acciones van encaminadas a demostrar la infidelidad.

El celoso teme perder algo que es suyo y esto le despierta mucho malestar. Aprender a no temer a la pérdida forma parte también de la terapia.

Esto sería el punto máximo de los celos pero desde ahí hasta la ausencia de celos existe un mundo tan ambivalente y sutil que da lugar a mil formas de expresar y entender el mundo de los celos. Cada uno de nosotros tenemos ese ideal inconsciente de sentirnos individuos únicos que somos lo principal para nuestra pareja. Es necesario aprender a vivir con nuestra vulnerabilidad.

Esther Redolosi

Psicóloga sanitaria AN05714

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(Cádiz)

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