En la actualidad podemos encontrar un número cada vez mayor de ejemplos de niños que no obedecen a sus padres e incluso, como dice el título, los dominan. Podemos afirmar que existen más casos de los que podemos imaginar. Niños caprichosos, desafiantes, que ridiculizan a los demás, se muestran agresivos y dan órdenes a los adultos.

Los psicólogos coincidimos con los profesores y educadores en que el afán de llamar la atención, de ser el centro o de poner a pruebas los límites de los padres es natural en los niños de los 4 a los 8 años. El problema surge cuando es una actitud constante del niño.

Hay que reconocer que algunos niños son muy difíciles desde muy pequeños, casi desde que nacen. Algunos deben su comportamiento a un trastorno psicológico que se encuentra clasificado dentro de los trastornos de la infancia (DSM-V) de la Asociación americana de Psiquiatría, llamado trastorno de conducta desafiante y tiene mucho que ver con la dificultad del niño para reconocer y/o ajustarse a los límites establecidos. El diagnóstico de este trastorno supone un patrón de conducta negativista, hostil y desafiante durante al menos seis meses y que estén presentes cuatro de los siguientes aspectos:

  • A menudo pierde la calma.
  • Se molesta con facilidad.
  • Suele estar enfadado y resentido.
  • Discute a menudo con los adultos.
  • A menudo molesta a los demás deliberadamente.
  • Culpa a los demás por sus errores o su mal comportamiento.
  • Es rencoroso o vengativo.

El desarrollo y aparición de este trastorno está influenciado por múltiples factores. Su intervención y tratamiento abarca no solo al niño y a la familia sino también al colegio y su entorno cercano.

La sociedad de hoy en día nos proporciona ciertas dificultades para educar a nuestros hijos como la falta de tiempo, la adecuación de los horarios, el incremento de las separaciones conflictivas, entre otros. A esto se le añade las pautas educativas, que son mayoritariamente de sobreprotección y permisividad donde hay pocos límites y una tendencia a huir de los conflictos.

Existen ciertas conductas que provocan y mantienen la actitud tirana en los niños como que carezcan de hábitos y rutinas, que no tengan límites, que no toleren la frustración, premiarlos sin merecimientos, como un exceso de castigos fuera de contexto, etc…

A esto se le añade la presión social. Como ejemplo, hace meses estoy viendo en consulta a un niño porque presentaba una tiranía constante con sus padres, especialmente con la madre. Su comportamiento es bastante agresivo e incluso ha llegado a ejercer algún tipo de violencia física con ella. Llegados el mes de mayo se presenta el tema de la comunión y los padres presionados por su entorno se ven “obligados” a realizar una celebración y unos regalos que sobrepasan los límites necesarios para garantizar un desarrollo normal en la conducta del niño. Su hijo sigue manteniendo discusiones constantes con los padres, muestra rebeldía y se niega a obedecer las normas establecidas en casa. Sin embargo, los padres no saben decir que “no”, ni poner unos límites claros en la comunión en función de la situación que están viviendo. Esto tiene que ver con la necesidad de proyectarnos socialmente como “buenos padres”.

Como dice la psicóloga María Jesús Álava, “es importante que, desde el principio, los acostumbremos a no darles todo aquello que nos piden, aunque económicamente no nos suponga un problema. Los niños deben valorar las cosas, aprender a esperar, a soñar, a desear lo que quieren, a esforzarse por conseguir lo que anhelan y a no frustrarse cuando no lo pueden obtener. De otro modo empiezan por no darle valor a las cosas y terminan por no darle valor a las personas.”

Esto me hace recordar la necesidad de que trabajemos en nosotros mismos para poder gestionar con eficacia el comportamiento agresivo de nuestros hijos. Si nosotros nos encontramos emocionalmente bien tendremos mayor capacidad para gestionar los conflictos de ellos.

En definitiva, educar a los hijos con amor, humor, respeto, transmitir confianza y responsabilidad y dar libertad dentro de unos límites razonados. Como suelo decir en la consulta con los padres, la educación se basa en establecer el equilibrio entre poner límites y la empatía.

Hay muchos libros interesantes para profundizar en este tema pero sin duda me quedo especialmente con uno del psicólogo forense, Javier Urra, primer Defensor del Menor en España y autor de Escuela práctica para padres, “El pequeño dictador”.

 

Esther Redolosi Sánchez

Psicóloga sanitaria

(Experta en Psicopatología y Salud)

625 136 968

estheredolosi@hotmail.com

www.estheredolosi.com

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