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Psicología | Esther Redolosi.- Cuando me comentaron la idea de escribir un articulo sobre la represión sexual en las mujeres me pareció bastante interesante puesto que sigue habiendo muchos temores y mitos al hablar de sexualidad, lo cual se observa con frecuencia en nuestro quehacer profesional. No podemos olvidar que somos seres sexuales. Ésta nos acompañará siempre en nuestra vida.

El texto se centra en la represión en la mujer puesto que el aprendizaje de la sexualidad ha sido muy diferente en función del género, especialmente en épocas anteriores. Esta diferencia se ha debido a varios factores como la influencia cultural del patriarcado, algunos sistemas religiosos o la decisión personal según los roles, entre otros. Afortunadamente, a día de hoy los hombres y mujeres están aprendiendo una sexualidad más semejante aunque aún queda aspectos por mejorar.

Desde el punto de vista psicológico cuando hablamos de represión nos referimos a la contención de la expresión sexual. La persona utiliza un mecanismo para eliminar de su conciencia los pensamientos, sentimientos o deseos que le parecen inadmisibles, refrenando su conducta sexual. El problema surge cuando al ocultar lo que sentimos, las sensaciones no desaparecen sino que se quedan latentes en nuestro cuerpo y se proyectan de forma menos sanas como las expresadas a través de las neurosis. Además la represión sexual conlleva sensación de culpa y vergüenza que agravan la patología. Entre las principales consecuencias psicológicas encontramos problemas como baja autoestima, dificultades sociales, insatisfacción con el cuerpo, conductas desadaptativas y problemas de pareja.

En terapia y especialmente en terapia de pareja son frecuentes los motivos de consulta relacionados con una sexualidad que no fluye, desencadenando, en muchos casos, disfunciones sexuales que, la mayoría de las veces, están condicionadas por la represión. La intervención en este tipo de problemas abarca varias áreas:

  • Educación sexual: Ofrecer la información y las herramientas para provocar en la persona la motivación necesaria para tomar decisiones saludables sobre el sexo y su sexualidad.
  • Desarrollar la autoestima propia: La autoestima y la sexualidad van de la mano. Valorarse, reconocer los propios recursos emocionales, conocer nuestros límites, amarnos y aceptarnos.
  • Mejorar la mirada hacia el cuerpo de una misma: Estar a gusto con nuestro cuerpo nos ayuda a sentir más placer en las relaciones. No es necesario tener un cuerpo ideal, lo fundamental es apreciar lo que tenemos y tener una mirada amorosa hacia nuestro cuerpo. Alcanzar una satisfacción corporal.
  • Eliminar ciertos prejuicios: Existen muchos prejuicios erróneos sobre la sexualidad e ideas distorsionadas que conllevan a la mujer a negar sus sensaciones. Cuando una persona consigue liberarse de ellos notará que aumenta su erotismo y su sensualidad.
  • No aferrarse a roles impuestos externamente: Los roles marcados externamente nos impide que podamos crecer sanamente.
  • Aprender a disfrutar de la sexualidad propia y compartida: disfrutar de la propia sexualidad es garantía de una buena conexión e intimidad con la pareja.

Para concluir, resaltar que no debemos olvidar que la sexualidad es algo positivo de lo que disfrutar y que hay que vivirla siendo coherentes con nuestras emociones, con lo que sentimos y siempre desde la libertad, sea cual sea nuestra edad, orientación, sexo, religión, etc…

 

Esther Redolosi

Psicóloga sanitaria AN05714

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